6.12.10

Capitulo 3. Parte 2.

¡Adeline!
Aunque tendría que haber sido la única en volverse, algunos pares más de ojos se volvieron para ver al chico que días atrás se me había presentado. Cuando llegó a donde me encontraba en el pasillo pude fijarme en sus verdes ojos, con un toque amarillento alrededor de la pupila.
-Oye, me he enterado que vives en el pueblo residencial cerca de Fontenailles, ¿es así?
-Eh… sí. ¿Por qué?
-Yo también vivo allí, ¡en la avenida!
Realmente no me extrañaba. Nos quedamos unos segundos sin hablar, creo que por que yo no sabía que decir. Pero entonces, él habló.
-Si vas para casa, puedo acompañarte en el bus, ¿Qué te parece?-parecía divertido, pícaro; y eso me hizo sonreír.
-Como quieras, mejor acompañada que sola en el trayecto.
Me di media vuelta y seguimos caminando por aquel pasillo abarrotado de tanta gente.
El trayecto a casa se hacía más corto cada vez que Laurent me acompañaba; siempre estaba bromeando, diciendo tonterías… Y haciéndome sentir realmente bien cuando me miraba, incluso avergonzada. Tenía algo que me tranquilizaba, algo que hacía de los días aburridos, días que no quería que acabasen.

El cielo se había teñido absolutamente de negro durante el paseo a casa; después de clase habíamos aprovechado para dar una vuelta por el pueblo, me había enseñado dónde vivía, aunque no había entrado en su casa. Miré al cielo intentando ver alguna estrella, pero me topé con una luz cegadora… “Malditas farolas…”
-¿Esta es?
Le miré extrañada, y luego seguí el recorrido de su mirara hacia mi humilde apartamento. Sonreí.
-Sí, aquí vivo yo.-asentí y levanté la cabeza con orgullo haciendo que me sonriera, tal y como esperaba.- Te invitaría a entrar, pero supongo que tendrás que preparar la cena, ordenar tu habitación, organizarte para mañana…
-Adeline, ¿por quién me tomas?-dibujó una media sonrisa y arqueó las cejas.- Si no quieres enseñarme tu desordenado apartamento, no pasa nada…
Fruncí el ceño fingiendo enfado. “Anda, ven…” le dije, y subimos las escaleras hacia el apartamento.
-Espera.
Iba a meter mi mano en el bolsillo para sacar las llaves, pero me giré al escucharlo tan serio. Se adelantó hacia mí e hizo que me apoyara en la pared al lado de la puerta de mi apartamento. Quedé perpleja ante la situación. Pude sentir sus dedos entrelazándose con los míos llevando a mis manos hacia la pared, a la altura de mi cabeza. Por un momento me sentí asustada. Acercó su boca a mi oído y pude notar su respiración, y cómo se aceleraba cada vez más mi corazón… “Adeline…” susurró. Me temblaron las piernas, no sabía que hacer, cerré los ojos y giré mi cabeza en dirección contraria a la suya. ¡¿Qué se supone que tenía que hacer?!
Escuché unas llaves caerse al suelo, pero yo aún tenía las mías en el bolsillo. Laurent me soltó rápidamente liberándome de aquella especie de prisión. Miré hacia delante y me hubiera topado con la claridad de los ojos de Frank si no fuera de noche… Mis mejillas podrían haber iluminado un poco más la noche de lo encendidas que estaban.
-Perdonad… se me han caído las llaves… -aunque intentara evitarlo, estaba sorprendido.
-No pasa nada.-dijo Laurent.
Y todo quedó ahí. Frank recogió sus llaves de las escaleras de metal y pasó a nuestro lado, dedicándome una sonrisa pero evitando mi mirada. El joven que me había acompañado a casa me miró avergonzado, se revolvió el pelo y sin decir nada más comenzó a bajar las escaleras. Yo me quedé allí, escuchando cómo Frank echaba la llave del apartamento y los pasos de Laurent bajando las escaleras…

2 comentarios: