18.12.10

Capítulo 4. Parte 2.

La conversación había sido corta; habíamos acordado quedar detrás de mi apartamento, en el parque. Miré mi reloj, eran las diez y media…
Suspiré. Pude ver como el vaho se desvanecía y volví a echar aire caliente sobre mis manos. Sonreí al recordar cuando mi hermano me “enseñó” algo en lo que yo no me había percatado de pequeña: cómo el aire salía frío o caliente según cómo pusieras los labios, pronunciando una “u” o una “o”...“Tendría que haberme traído los guantes…” Apenas sentía mis dedos. No estaba acostumbrada a salir de noche, por no decir que desde que llegué a aquel pueblo no había salido ni una sola vez, pero aquella podría haber sido una de las más frías de otoño.
-Hola…
Di un respingo en el columpio en el que estaba sentada al escuchar la voz de Laurent en todo aquel silencio, no lo había visto llegar.
-Hola…-dije con un hilo de voz.
Se sentó en el columpio de al lado y se balanceó un poco, sin mirarme. Se había creado un silencio un tanto incomodo. Era la primera vez que estaba con él y no decíamos palabra alguna.
-Laurent, yo…
-Espera Adeline, -me interrumpió- déjame hablar a mi primero, ¿vale?
Nos miramos, y él sonrió algo avergonzado. Bajó la cabeza y quedó con la mirada fija en sus pies.
-Lo del otro día estuvo mal.-comenzó- Fue un impulso, no tuve en cuenta lo que querías. Faltó que llegara tu vecino para percatarme de lo que estaba haciendo…- vi como dibujaba una sonrisa nerviosa en su rostro.
Se levantó y miró hacia el oscuro cielo dándomela espalda. Me mordí el labio, no sabía que decir, estaba empezando a ponerme nerviosa… Dejé el columpio y me acerqué a él.
-Durante todas las semanas que he pasado contigo he estado tan bien… Sé que sólo somos amigos, pero no puedo evitar sentirme atraído por ti.
Se giró para mirarme y encontrar mis ojos humedecidos por aquella situación. Atisbé preocupación en su rostro y cómo puso sus manos sobre mis hombros. Tuve que levantar mi cabeza para poder mirar sus ojos. Sentí el calor que desprendía su cuerpo cuando me abrazó dulcemente.
-Dejémoslo como en un principio, como si no hubiera ocurrido nada, ¿vale?-susurró. Yo cerré mis ojos.- No puedo soportar estar así contigo… Es demasiado incomodo…
-Te doy toda la razón…-murmuré casi para mi a la misma vez que correspondía su abrazo y me escondía en su pecho.

La mañana siguiente volvieron a despertarme los golpes que se escuchaban en casa de Frank. Eran las once de la mañana. Me acurruqué entre mis sábanas absorbiendo su calor antes de tener que abandonarlas. Fue a las once y media cuando me levanté con fuerza de voluntad a pesar de ser sábado; tomé una ducha, y miré el contestador. Un mensaje nuevo.
“¡Hola pequeñina! Quería decirte que tu madre me ha comentado lo sola que te sientes a veces en tu solitario apartamento, y bueno, he pensado que podría pasarme por ese pueblucho un fin de semana, ¿qué me dices? ¿Tienes ganas de verme? Espero que me llames pronto y me digas que ¡sí! ¡Un beso, Line!”
Aunque me había costado saber de quien se trataba, lo conseguí… “Niní”.
Envolví mi pelo con la toalla y miré hacia la mesa del salón. “Oh…” Ahí seguían los problemas de estadística…

1 comentario:

  1. Quiero que sepas que me encanta tu historia, todos los días me paso para ver si escribes algo nuevo, yo & una amiga ;)
    Sigue escribiendo :D

    ResponderEliminar